Un seroma después de una liposucción es, literalmente, una “bolsa” de acumulación de líquido seroso que se junta debajo de la piel en el área tratada. No es grasa, no es pus y no significa que la cirugía haya salido mal: suele ser parte de la respuesta del cuerpo a un tipo de cirugía o cirugía estética que ha creado un espacio interno y ha tocado pequeños vasos sanguíneos y linfáticos.
La clave está en distinguir lo esperable de lo que necesita intervención: si el seroma es pequeño, no está tenso y va bajando, puede reabsorberse con compresión y control; si es grande, molesta, se mantiene o reaparece, puede requerir drenaje (punción) y, en algunos casos, drenaje quirúrgico y seguimiento estrecho.
¿Qué es un seroma tras una liposucción y por qué aparece?

¿Qué es un seroma?
Un seroma es la acumulación anormal de líquido seroso (transparente o amarillento) en un “espacio” que queda entre la piel y los tejidos profundos tras una cirugía. En cirugía plástica y, en especial, en cirugía de contorno corporal, aparece porque el cuerpo produce fluido inflamatorio como parte del proceso de curación.
Conclusión clara: el seroma es líquido de cicatrización acumulado; no es automáticamente una infección.
Por qué se forma un seroma después de una liposucción
La liposucción implica aspirar grasa y movilizar tejidos. Eso puede:
- Lesionar microvasos linfáticos y pequeños vasos sanguíneos.
- Generar inflamación local (normal).
- Dejar “espacios muertos” (cavidades internas) donde el líquido se puede juntar en vez de distribuirse y reabsorberse.
Conclusión clara: seroma = combinación de espacio interno + inflamación + drenaje linfático alterado temporalmente.
Frecuencia y factores de riesgo
El seroma es una complicación relativamente frecuente en cirugías corporales. En liposucción, se describe en torno a un porcentaje cercano al 10% (la cifra exacta varía según técnica, volumen aspirado y perfil del paciente). El riesgo suele subir cuando la liposucción se combina con cirugías amplias, como abdominoplastia.
Factores que aumentan el riesgo de seroma
- Volumen grande de grasa aspirada.
- Múltiples zonas en una sola sesión (abdomen + flancos + muslos, por ejemplo).
- Cirugía amplia con más despegamiento de tejidos.
- IMC alto u obesidad.
- Edad más avanzada.
- Tendencia a mala cicatrización o déficit nutricional (especialmente baja ingesta de proteínas).
- Uso irregular o incorrecto de prendas de compresión.
- Actividad física precoz (especialmente impacto o esfuerzos).
- Técnica muy agresiva o con mucho trauma tisular.
Conclusión clara: el seroma suele ser “la factura” de una cirugía extensa o de una recuperación con falta de la compresión y el reposo necesario, o por reinicio de actividad demasiado pronto.
Cuándo aparece: no siempre es inmediato
Un hematoma suele ser más precoz. El seroma, en cambio, puede aparecer:
- A los pocos días de la cirugía.
- O hacerse evidente conforme baja la inflamación general y queda una zona localizada que “baila” o fluctúa.
Conclusión clara: un abdomen que se deshincha pero deja una “bolsa” localizada sugiere seroma más que hinchazón general.
Seroma vs hematoma: diferencia rápida que evita sustos
Ambos pueden coexistir, pero no son lo mismo.
Seroma
- Líquido claro/amarillento.
- Sensación de “bolsa de agua” o “fluctuación” al presionar.
- Puede verse tenso y brillante si es grande.
- A veces molesta más al moverse que al tocar.
Hematoma
- Acumulación de sangre.
- Suele acompañarse de moretón visible (morado/violáceo).
- A menudo aparece antes.
- Puede doler más y sentirse más “duro” según el caso.
Conclusión clara: morado visible + sangre = más compatible con hematoma; bolsa blanda con líquido “móvil” = más compatible con seroma.
Prevención del seroma: lo que más pesa en la práctica
No existe prevención “perfecta”, pero sí medidas que reducen riesgo.
Prenda de compresión: el seguro más rentable
La compresión ayuda a:
- Pegar la piel al plano profundo.
- Reducir el espacio donde el líquido se acumula.
- Disminuir fluctuaciones y colecciones.
Conclusión clara: la compresión constante (según pauta médica) reduce espacio interno y, con ello, el riesgo de seroma.
Reposo relativo y progresión de actividad
El exceso de actividad precoz puede aumentar la producción de fluido y dificultar que el cuerpo selle el espacio interno.
Conclusión clara: moverse es bueno; entrenar o hacer fuerza en fase temprana suele ser mala idea.
Nutrición: proteína y consistencia
El cuerpo necesita proteína y calorías suficientes para reparar. Dietas restrictivas “para acelerar el resultado” suelen jugar en contra.
Conclusión clara: una recuperación con buena proteína y disciplina suele ser más favorable y con menos complicaciones.
Síntomas, diagnóstico y tratamiento del seroma después de una liposucción

Síntomas del seroma: cómo se reconoce de forma práctica
Un seroma suele manifestarse como:
- Hinchazón localizada que parece un “bulto blando”.
- Sensación de líquido que se desplaza o “ondula” al presionar (fluctuación).
- Piel tensa o brillante en el área.
- Molestia con el movimiento, sensación de peso o tirantez.
Señales que pueden sugerir irritación o infección
- Enrojecimiento que aumenta.
- Calor local.
- Dolor creciente.
- Secreción, mal olor o líquido turbio si drena por una herida.
- Fiebre.
Conclusión clara: seroma simple suele ser molesto; seroma con calor/enrojecimiento progresivo merece revisión rápida.
Diagnóstico del seroma: lo que suele hacer el cirujano
En la mayoría de casos, el diagnóstico es clínico:
- Exploración y palpación (fluctuación típica).
- Valoración de tamaño, tensión y sensibilidad.
Cuando hay dudas (por ejemplo, diferenciar seroma de hematoma o de fibrosis), una ecografía puede confirmar la presencia de líquido y orientar el manejo.
Conclusión clara: el diagnóstico del seroma es directo; la clave es medir evolución y descartar complicaciones.
Tratamiento del seroma: opciones según tamaño y evolución
El tratamiento del seroma depende de tres cosas: volumen, síntomas y persistencia.
Seromas pequeños: observación + compresión
Cuando el seroma es pequeño y no tensa la piel:
- Compresión correcta.
- Reposo relativo.
- Controles programados.
Muchos seromas pequeños se reabsorben con el tiempo.
Conclusión clara: si es pequeño y estable, el cuerpo suele poder resolverlo con ayuda de compresión y paciencia.
Seroma moderado o grande: punción (drenaje con aguja)
Cuando el seroma:
- Molesta,
- Está tenso,
- Crece,
- O no disminuye,
lo habitual es realizar un drenaje en consulta con aguja y jeringa. En algunos casos se repite si reaparece.
Conclusión clara: drenar no “fracasa” la cirugía; drenar evita que el seroma se cronifique o se infecte.
Seroma recurrente o persistente: estrategias avanzadas
Si reaparece muchas veces o persiste:
- Drenaje repetido según criterio médico.
- Colocación de catéter para drenaje continuo en casos seleccionados.
- Escleroterapia (inyección de sustancia para cerrar la cavidad) en escenarios concretos.
- Raramente, pequeña cirugía para retirar cápsula cuando se ha hecho crónico.
Conclusión clara: cuando el seroma se vuelve terco, se trata como un “espacio” que hay que cerrar, no como una simple retención de líquido.
Qué NO conviene hacer en casa
- Pinchar o intentar drenar por cuenta propia.
- Masajes agresivos sobre una bolsa de líquido tensa (puede irritar y empeorar).
- Aplicar calor intenso sin indicación (puede aumentar inflamación).
- “Entrenar para que se vaya”: el esfuerzo suele aumentar la producción de fluido.
Conclusión clara: manipular un seroma sin control médico es una forma rápida de convertir algo manejable en un problema serio.
Prevención del seroma en el postoperatorio: hábitos que marcan diferencia
Aunque la prevención se planifica desde quirófano, el postoperatorio decide mucho.
Compresión a rajatabla
- Uso de faja/prenda el tiempo indicado.
- Ajuste correcto: ni floja (no sirve), ni tan apretada que duela o marque en exceso.
Progresión inteligente de actividad física
- Caminar suave suele ser beneficioso (circulación).
- Evitar esfuerzos, impacto y levantar peso antes de tiempo.
Hidratación y proteína
- Hidratación constante.
- Proteína suficiente para reparar tejidos.
Conclusión clara: el seroma se alimenta de “espacio + movimiento agresivo + mala compresión”; se controla con lo contrario.
Cuándo preocuparse y consultar de inmediato
Consultar rápido si aparece:
- Aumento rápido del volumen.
- Dolor intenso o creciente.
- Enrojecimiento marcado, calor local.
- Fiebre.
- Secreción turbia, con mal olor o aspecto purulento.
- Empeoramiento general del estado.
Conclusión clara: un seroma simple suele ser controlable; un seroma que apunta a infección o que crece rápido necesita valoración urgente.
Mitos vs realidad
Mito: “Un seroma es pus.”
Realidad: el seroma es líquido seroso; la infección es otra cosa (aunque puede ocurrir).
Mito: “Si hay seroma, la liposucción salió mal.”
Realidad: puede aparecer incluso con buena técnica; el manejo y el seguimiento son lo que marcan el resultado final.
Mito: “Si se drena una vez, ya no vuelve.”
Realidad: algunos seromas reaparecen y requieren drenajes repetidos hasta que la cavidad se cierre.
Mito: “Más masaje siempre ayuda.”
Realidad: el masaje agresivo puede irritar; si se indica drenaje linfático, debe estar pautado y adaptado al momento.
Preguntas frecuentes

¿Cuánto dura un seroma después de una liposucción?
Depende del tamaño y de la respuesta individual. Seromas pequeños pueden reabsorberse en semanas con compresión. Los persistentes pueden requerir drenajes repetidos y control hasta que el espacio se cierre.
¿Un seroma puede reabsorberse solo?
Sí, especialmente si es pequeño y no tenso. La compresión y el reposo relativo suelen ayudar.
¿Cómo se siente un seroma al tacto?
Suele sentirse como una zona blanda con “ola” o líquido que se mueve al presionar.
¿Un seroma es peligroso?
Suele ser más molesto que peligroso, pero conviene controlarlo porque puede crecer, cronificarse o infectarse.